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Wednesday, July 8, 2015

la batalla entre los dioses y los demonios

La historia de los Nagas: dioses y demonios
नारायणं नमस्कृत्य नरं चैव नरोत्तमम्
 देवीं सरस्वतीं चैव ततो जयम् उदीरयेत्






 महाभरत

Mahābharata
Una versión de
Michael Dolan, B.V. Mahāyogi

LA HISTORIA DE LOS NAGAS
“Porque me lo has preguntado, hijo mío, te contaré el origen de nuestra especie, y de cómo llegamos a ser serpientes. Hace mucho tiempo, antes de que existieran las serpientes, hubo una batalla entre los Suras y los Asuras es decir los dioses y los demonios.”
“Lo que me dices mistifica mi mente. ¿En dónde se llevó a cabo esta lucha y cuál fue su causa?” dijo Astika.
El Monte Meru es la montaña más poderosa en la cúspide del mundo. Es el hogar de dioses y Gandharvas. Insuperable y es imposible de alcanzar para los impíos.
Este monte Meru está custodiado por bestias terribles y sus serranías están cubiertas de valiosas hierbas medicinales y flores. Sus cumbres besan el cielo. El hombre común nunca piensa en escalar esas alturas. Hermosos bosques adornan el Monte Meru cuyos arroyos y riachuelos, proporcionan suficiente agua a donde cantan los ángeles celestiales. Ahí se reúnen los dioses. Y un día se acercaron a Narayana y le pidieron que les otorgara el néctar de la inmortalidad llamado amrita. Y Narayana le dijo a Brahma, “Si baten el océano de leche podrán tener todo el néctar que quieran.”


“Y entonces los dioses descendieron de Meru para buscar cómo batir el océano de leche. En su búsqueda de un instrumento para batir el océano de leche llegaron a otra montaña, Mandara. Mandara estaba cubierta con picos de nieve y nubes, en lo alto de los Himalayas. Ésta, la mejor de las montañas, estaba bendecida con hierbas dadoras de vida. Osos y monos vagaban libremente en paz unos con otros. Grandes tigres protegían la montaña de intrusos. Era conocida a los apsaras celestiales y a los kinnaras como un lugar para pasatiempos placenteros. Sus picos majestuosos se elevan miles de pies. Y con la ayuda de Viṣṇu y Brahma, los dioses, encabezados por Indra alistaron al poderoso Ananta, el príncipe de las serpientes para desprender la montaña desde su pico más elevado hasta sus raíces para usarla como batidor.
“Y fue así como Ananta se enroscó alrededor de la montaña arrancándola de raíz y siguió a los dioses hasta la orilla del poderoso océano de leche. Y el océano declaró, “Sea, Permitiré que se agiten mis aguas para el propósito de producir el néctar llamado amrita.”
“Y los dioses fueron también con el rey de las tortugas, Kurma, y dijeron, “Oh Rey Tortuga, tú haz de sostener la montaña en tu espalda para darle estabilidad a nuestro batidor de montaña”. Y Kurma dijo: “Así sea.” Y fue así como los dioses y los demonios formaron un batidor de la Montaña Mandara, sujeto a la espalda de la tortuga gigante Kurma. Usando también al príncipe de las serpientes Vasuki como cordón.
Con los dioses a un lado y los demonios por el otro empezaron a batir el océano de leche. Los demonios sostenían a Vasuki por su capucha de cobra y los dioses tomaron a la gran serpiente, tu tío, por la cola. Y Ananta quien estaba del lado de los dioses, a intervalos elevaba la capucha de la cobra y luego la bajaba. Con los giros y vueltas que el rey dragón Vasuki recibía a manos de los dioses y demonios su nariz de serpiente emitía mucho humo negro y eructaba por la boca llamas, quemando así a los demonios que la sostenían.
Y mientras que los demonios gruñían y sudaban cansados de cargar a la gran serpiente, atormentados por sus humos venenos, esos mismos vapores formaron lluvias cargadas de rayos que produjeron lluvias de agua fresca que refrescaban a los dioses que sostenían su cola. Al ver esto, los celestiales derramaron flores desde arriba cuando cabalgaban por los cielos en sus aeronaves.
En ese momento, Oh brahmán, un temible eructo rugió desde lo profundo, como el sonido del cataclismo al momento de la disolución universal. Toda clase de monstruos marinos y dragones acuáticos bramaron desde las profundidades aplastados por el peso de la enorme montaña. Peces con forma de dinosaurios fueron devastados con el batido.
Enormes árboles con gigantescos pájaros cayeron hacia el líquido del océano de leche. Los árboles fueron arrancados con tal violencia desde la raíz y su fricción produjo llamas que incendiaron los bosques.

El batidor de montaña se cubrió de humo negro y relámpagos que cargaron las nubes y produjeron rayos feroces. El fuego se esparció por toda la montaña encendiendo árboles y consumiendo a leones y  elefantes con sus flamas. Indra, el rey de la lluvia, extinguió el fuego produciendo una fuerte lluvia y huracanes sobre la montaña.
En medio del batido y la quema, la salvia de los árboles místicos se mezcló con las hierbas aromáticas y las flores mágicas del monte Mandara y se vertió hacia las aguas del océano de leche, produciendo gradualmente el elixir conocido por esos dioses como amrita.
Los dioses celestiales alcanzaron entonces la inmortalidad al beber ese elixir mezclado con hierbas y oro líquido. Poco a poco los líquidos lechosos de las profundidades se concentraron en una rica mantequilla con la ayuda de las hierbas, las especias y la savia de los árboles del Himalaya.

“Con esto los dioses pidieron permiso de parar al sentir que habían alcanzado su meta. Se acercaron a Brahma, el creador, y dijeron, ‘Descansemos.’

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