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Monday, June 27, 2016

Romance Hindu XXIII La Incredible y Triste Historia de un Amor Prohibido Por los Dioses: Nala y Damayanti Ultimos Capitulos

Mahābharata
Una versión de
Michael Dolan, B.V. Mahāyogi

Romance Hindu XXIII
La Incredible y Triste Historia de un Amor Prohibido Por los Dioses:
Nala y Damayanti







“Primero tenemos que enviar por el más discreto de los brahmanes, Sudeva, quien ha descubierto en el reino de Chedi. Sólo en él se puede confiar mi propósito. Quiero que se le envíe a Ayodhya”.
“Como quieres, querida mía” dijo la Reina y envió por Sudeva.
Y cuando llegó Sudeva, Damayanti dijo, “Oh mejor de entre los dos veces nacido, sólo tú puedes realizar mi encomienda pues fuste tú quien me encontró en Chedi cuando estaba perdida para el mundo”.
Sudeva se inclinó. La consoló con palabras dulces y mantras propicios y escuchó su plan.
“Sudeva, quiero que vayas a Ayodhya y le des este mensaje al rey que gobierna ahí, Rituparna. Dile exactamente estas palabras: Bhīma, el Rey de Vidarbha ha emitido un decreto real. Como el esposo de la Princesa Damayanti ha desaparecido, se proclama su fallecimiento. La princesa, habiendo pasado un largo tiempo de duelo y dolor ofrecerá su mano en matrimonio al campeón que la reclame. Que llegue este decreto a todos los rivales que la hija de Bhīma celebrará un nuevo swayamvara.
“Todos los grandes reyes y príncipes se reunirán en Vidarbha para la ocasión. La ceremonia se llevará a cabo mañana. Oh Rey de Ayodhya, si le es posible, vaya de inmediato a Vidarbha. Después del amanecer de mañana, ella escogerá un segundo esposo, tras dar por muerto a Nala”.
Sudeva quedó perplejo tras escuchar estas palabras, pero no dijo nada pues sabía que Damayanti habría de tener un propósito profundo.
Brihad Aswa dijo, “y fue así, mi querido Rey Yudhisthira, que el viejo y sabio brahmán, Sudeva emprendió camino hacia Ayodhya”.
Nuevo Svayamvara
Bridhad Aswa dijo, “Y sucedió tal como Damayanti había ordenado. El viejo sabio Sudeva fue a Ayodhya y transmitió las nuevas al rey Rituparna.
Rituparna lo recompensó y pensó, “He escuchado de la belleza de Damayanti. Competiré por su mano. Pero debo apresurarme. No hay tiempo ya. Su ceremonia será mañana y Vidarbha se halla a varias leguas de aquí. Necesitaré caballos muy veloces”.
Y entonces el Rey de inmediato fue a ver a Vahuka y le dijo, “¡Prepara los caballos! Es momento de poner a prueba tus habilidades.
El enano sacó los caballos del rey y dijo “¿Hacia dónde, amo?”
Y cuando se subía al carruaje, el Re Rituparna dijo, “Necesitamos apresurarnos. La hermosa princesa Damayanti ha anunciado un nuevo svayamvara. Todos los grandes reyes y príncipes asistirán. Elegirá un pretendiente entre todos ellos. Quien gane su mano será el próximo rey de Vidarbha. Tengo la intención de hacer el viaje a Vidarbha en un día. Está bastante lejos, pero con tu habilidad con los caballos lo lograremos”.
Brihad Ashwa dijo: “Imagina cómo se sintió Nala, mi querido hijo de Kunti”.
“Mientras el rey Nala había abandonado a Damayanti, de algún modo esperaba que se mantuviera fiel. Nunca se le ocurrió que podría encontrar a otro. Incluso mientras continuaba bajo la influencia de Kali, su corazón ardía en sufrimiento. ‘¿Cómo puede Damayanti escoger a otro?’ pensó. ‘¿Me habrá dado por muerto?’ pensaba. ‘¿Ya no soy nada para ella?’
Y así, Nala estaba determinado a llegar a Vidarbha y ver a Damayanti. ¿Podía ser cierto que ella escogería a otro príncipe? ¿O era un engaño? Y Vahuka eligió cuatro sementales esbeltos y musculosos. Estaban frescos y listos para correr con sus amplias narices y mejillas hinchadas.
Pero cuando el rey los vio, dijo, “Estos caballos están delgados y flacos. ¿Estás seguro de que pueden correr hasta Vidarbha en un día?”
“¿Ves el rizo en su frente? Estos caballos nacieron en Sindy y son veloces como el viento. Confía en mí. Pero si ves a otros que sean mejores, escógelos y los llevaremos en su lugar”.
“Tú eres el que sabe” dijo el rey.
Vahuka unció los caballos a la carroza, el enano se volvió hacia Rituparna el rey y le dijo, “Estamos listos. Es un reto el cabalgar a Vidarbha en un solo día. Pero cabalgaremos como el viento”. Y al decirlo, sostuvo las riendas para que el rey pudiera montarse.
Cuando el rey se montaba a la carroza, dijo.
“Ah pobre Nala que murió en el bosque. O hubiera sido imposible que abandonara a su esposa. No, Nala ha de haber muerto. Y por ello Damayanti ha anunciado un nuevo svayamvara. Todos los reyes y príncipes asistirán. Quién sabe”, dijo Rituparna, sonriendo. “Incluso alguien como tú puede competir. Movámonos”. Y juntos alistaron los caballos y el carruaje.
El conductor personal del rey, Varshneya manejó la carroza, pero Nala tranquilizaba y guiaba a los caballos, usando los mantras divinos que aprendiera hace mucho tiempo. Cuando volaban atravesando las planicies, las ruedas apenas y tocaban el suelo. Los cascos de los caballos flotaban y corrían como nunca antes lo habían hecho. El rey, Rituparna, estaba complacido.
Pero Varshneya había conocido a Nala. Frecuentemente trabajaron juntos los caballos. Y al ver al enano dotado de tales habilidades con los caballos, Varshneya lo admiraba maravillado.
‘¿Quién es ese hombre?’ pensó. ‘Conduce a los caballos cual si fuera Matali, el auriga del mismísimo Indra. Este tosco enano es el mejor jinete que haya visto, a excepción del Rey Nala de Vishadha. Sólo el gran Nala tenía esas habilidades con los caballos. Pero Nala murió en el bosque y su viuda incluso busca ahora a un nuevo príncipe. ¿Podría este ser Nala? Y si no es Nala ¿quién es? A veces los dioses, disfrazados, vagan entre nosotros. La deformidad de su cuerpo confunde mi juicio. Pero son de la misma edad. ¿Cómo puede Vahuka conocer la misma ciencia que Nala? Tal vez Nala ha sido maldecido a tomar esta forma. Este Vahuka tiene todas las virtudes de Nala, excepto la apariencia. Pero las apariencias engañan. Él ha de ser Nala,” concluyó Vsrhneya quien algún día fue el conductor de Nala.
El propio rey admiraba la grandeza de Vahuka quien esforzadamente guiaba a los caballos sobre las montañas y ríos, bosques y lagos. Volaban como un pájaro a la velocidad del viento: las ruedas de la carroza apenas y tocaban la tierra. Y mientras cabalgaban el viento se llevó la banda real del rey. Él dijo, “Oh Vahuka, se me ha caído algo hace un momento. Regresemos a buscarlo”. Pero Nala en la forma de Vahuka sonrió y dijo, “Señor, su banda se haya lejos de nosotros ya, hemos andando una legua desde entonces. No podemos regresar”.
Y el rey de nuevo se maravilló ante las habilidades del caballerango y pensó para sí. “Tal vez puede enseñarme lo que sabe”.
Ahora, el rey tenía grandes habilidades en matemáticas. Pensó: ‘Cada quién tiene su propio conocimiento; el suyo son los caballos, el mío son los números.’ Él podía calcular el número de hojas de un árbol contando sus ramas. Así que para impresionar a Nala, le dijo cuántas hojas y frutos había en el árbol de tamarindo que acababan de pasar.
Nala detuvo a los caballos, él había perdido su reino cuando su hermano Pushkar lo engañó con los dados. Su ignorancia en matemáticas le había salido muy cara, y ahora pudo ver su redención. Regresó al árbol y cuidadosamente contó las hojas. “¿Cómo es posible que hayas dominado tan bien la ciencia de los números?”
Y el rey le enseñó el truco, diciendo., “Yo sé muchas cosas. Si quieres puedo enseñarte. Pero a cambio he de aprender cómo es que dominas a los caballos”.
Vahuka el enano dijo, “Puede ser fácil si sabes cómo hacerlo. Pero esta habilidad realmente me elude. Me gustaría aprender la ley de las probabilidades y la forma de poder calcularlas en el juego de dados. Yo no soy experto en los dados. De hecho, como consecuencia a las malas apuestas que hice, estoy en la condición en la que ahora me ves, empobrecido. Enséñame matemáticas, dados y la ley de probabilidades, y yo te enseñaré todo lo que se acerca de los caballos”.
Se detuvieron junto al camino y acamparon para pasar la noche, pues Vahuka estaba seguro de que podrían llegar a Vidarbha al amanecer. Y toda la noche, Nala le enseñó al rey los distintos mantras para controlar caballos y el rey le enseñó a Nala todo lo que necesitaba saber para ganar a los dados”.
Temprano por la mañana, Nala ya dominaba las matemáticas y el arte de tirar los dados.
Con esto, Kali supo al fin que estaba derrotado. Había sufrido mucho con el veneno del príncipe Naga, pero ahora había perdido por completo el control sobre Nala. Salió de su cuerpo, poniendo fin a la posesión sobre el miserable rey, y vomitando el veneno del bípedo Karkotaka. Y cuando Kali abandonó el cuerpo de Nala, lo hizo también la maldición que causara su infortunio. Y Nala, veía como su demonio torturador era la maldición de Kali, quien ahora se encogía ante él.
Pero Kali, sólo era visible a Nala, “Oh Rey de los hombres, ten misericordia por este pobre diablo. Cuando por mi causa abandonaste a Damayanti, ella me maldijo. Desde entonces sólo conozco el dolor, provocado por el veneno del rey serpiente. Libérame y te otorgaré una bendición. Dondequiera que los hombres recuerden tu nombre se liberarán de la influencia de Kali. Yo soy el demonio de la era de hierro. Inspirados por mí, los hombres harán cosas terribles. Harán llover fuego del cielo y quemarán la tierra. Pero aquellos que recuerden cómo el rey Nala sufrió a manos de Kali escaparán de mi hechizo. Tu nombre será su refugio si dejas que me vaya. No maldigas a quien suplica refugio ante tus pies”. Y al decir esto, Kali partió un árbol Vibhitak y entro en él, haciéndose invisible.
Entonces Nala, liberado por fin de Kali, estaba dichoso. Montó en la carroza en donde esperaba el Rey Rituparna. Urgió a sus caballos a flotar recitando mantras, y ellos volaron sobre la tierra. Con el alma encantada, corrieron hacia Vidarbha. El Rey Rituparna se asombraba al ver al enano tan inspirado, pues Nala aún no asumía su forma real. Eso tendría que esperar hasta que Damayanti lo aprobara, pues él todavía guardaba entre los pliegues de su ropa el paño especial que le diera Karkotaka el rey serpiente.
Y fue así como corrieron una vez más hacia la ciudad de Vidarbha en donde se llevaría a cabo la ceremonia de svayamvara de Damayanti.

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