Shakuntala Comentario Parte I
Vida de Kalidasa, y diferencias entre Mahābharata y Kali Dasa en la historia de Shakuntala.
La historia de Shakuntala, la madre de
Bharata y de India se encuentra en el primer libro del vasto poema épico Mahābharata.
La historia tiene su sitio natural ahí, pues Bharata, el hijo de Shakuntala, es
el ancestro común de los príncipes que toman parte en la epopeya. Las
diferencias entre las versiones de Kali Dasa y el Mahābharata es importante
porque revelan algo acerca del proceso del arte, la poesía, y la cultura de
India al igual que habla del cómo se desarrollan las tradiciones. Estoy en
deuda con la traducción de Shakuntala de Arthur Ryder que es del dominio
público y con la que se puede jugar para hacer una hermosa adaptación, pero
vale la pena echar un vistazo hacia la visión biográfica del poeta, así como a
su breve explicación de las diferencias entre ambas versiones. Aquí las
reproduzco. (Michael Dolan)
Kalidas—Su Vida y Escritos
Por Arthur Ryder, de Shakuntala y otras
traducciones
I
Kalidasa vivió probablemente en el siglo
quinto de la era cristiana. Esta fecha, aproximada como es, ha de tomarse con
sumo recelo, y no es en modo alguno precisa. No hay ningún dato biográfico
preciso que se conserve acerca del autor, quien sin embargo gozó de una gran
popularidad durante su vida, y a quien los Hindúes le han reconocido siempre
como el más grande poeta Sánscrito. Estamos por ello enfrentados con uno de los
problemas recurrentes de la historia de la literatura. Puesto que nuestra
ignorancia no se debe a la negligencia hacia los escritos de Kalidasa a manos
de sus compatriotas, sino a su singular ceguera hacia el interés y la
importancia del hecho histórico.
Ninguna nación Europea puede compararse con la
devoción crítica India hacia su propia literatura. Durante un periodo que no se
cuenta por siglos sino por milenios, la India ha producido una línea
ininterrumpida de sabios desinteresados dedicados a la perpetuación y la
exégesis de las obras maestras nativas. Ediciones, opiniones, abundancia de
comentarios; los poetas que buscan la frase exacta de agradecimiento a sus
predecesores: sin embargo, cuando intentamos reconstruir la vida del más grande
poeta, no tenemos material, salvo algunas leyendas tentadoras, y los escasos
datos que podemos deducir de los escritos de un hombre que apenas se menciona a
sí mismo.
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Una de estas leyendas merece ser recontada
por su interés intrínseco, aunque no contiene, hasta donde podemos ver, ni un
grano de verdad histórica, y a pesar de que sitúa a Kalidasa en Benares, a
quinientas millas de distancia de la única ciudad en que se tiene la certeza de
que pasó algún tiempo de su vida. De acuerdo con esta recopilación, Kalidasa
era un niño Brahmán. A los seis meses de edad, fue abandonado en un orfanato y
fue adoptado por un boyero. Creció hasta la madures sin una educación formal,
sin embargo sus maneras eran notablemente hermosas y llenas de gracia. Y
ocurrió que la Princesa de Benares era muy anticuada, rechazó a un pretendiente
tras otro, entre ellos al consejero de su padre, porque no lograban llegar a su
nivel de estudios y poesía.
El consejero
rechazado planeó una cruel venganza. Tomó al apuesto boyero de las calles, y le
dio las vestimentas de un sabio y un séquito de doctores eruditos, y lo
presentó ante la princesa, después de advertirle a él que no abriera la boca
bajo ninguna circunstancia. La princesa estaba conmovida por la belleza y la
conclusión en su alma pedante acerca de su silencio obstinado, que le pareció a
ella, como de hecho lo fue, la evidencia de una sabiduría profunda. Ella
deseaba desposar a Kalidasa, y juntos fueron al templo.
Pero no bien empezaba
la ceremonia cuando Kalidasa percibió la imagen de un toro. Su entrenamiento
previo era predominante en él; el secreto surgió, y la novia estaba furiosa.
Pero cedió ante las súplicas de Kalidasa, y le aconsejó que orara por
conocimiento y poesía a la diosa Kali. La oración fue respondida; educación y
poder poético descendieron milagrosamente
a morar con el joven boyero, quien en agradecimiento tomó el nombre de
Kalidasa, siervo de Kali.
Sintió que le debía todo el feliz cambio en su
naturaleza a su princesa, juró siempre tratarla como a su maestra, con respeto
profundo y sin familiaridad. Esto fue más de lo que la mujer esperaba; estallo
en ira y maldijo a Kalidasa a que muriera a manos de una mujer. Más adelante,
continúa la historia, la maldición se cumple. Cierto rey escribió media estrofa
de un verso, y ofreció una amplia recompensa al poeta que pudiera completarla
cabalmente. Kalidasa completó la estrofa sin dificultad; pero una mujer a quien
amaba descubrió las líneas, y por avaricia de la recompensa, le mató.
Otra leyenda presenta a Kalidasa ocupado en
una peregrinación hacia un santuario de Vishnu, en compañía de dos famosos
escritores, Bhavabhuti y Dandin. Sin embargo otros retratan a Bhavabhuti como
contemporáneo a Kalidasa, y celoso de la reputación del poeta menos austero.
Estas historias han de ser falsas, pues es un hecho que los tres autores no
fueron contemporáneos, aun así muestran un verdadero instinto hacia la creencia
de que el genio sigue al genio, y que rara vez está aislado.
Esta creencia instintiva se aplica cuando
las historias conectan a Kalidasa con el Rey Vikramaditya y las figuras
literarias de su corte.
Se ha exagerado, sin duda, y en parte se han
falsificado los hechos; sin embargo, no podemos dudar de que algo de verdad
haya en estas tradiciones, aunque tardío, y será tarea imposible separar la
verdad de la fantasía. De este modo estamos en terreno más firme.
El Rey Vikramaditya gobernó la ciudad de
Ujjainm, en el occidente central de India. Tuvo poder en la guerra y en la paz,
ganó una gloria especial en una victoria sobre los barbaros que presionaban a India a través de los pasos del Norte. A pesar
de que no se ha probado la posibilidad de identificar a este monarca de entre
otros gobernantes conocidos, no hay duda de que existió y que tuvo el carácter
que se le atribuye.
El nombre Vikramaditya- Sol del Valor, tal vez no es un
nombre propio, sino un título como Faraón o Zar. No hay duda de que Kalidasa
intentara dar tributo a su patrón, en el Sol del Valor, en el propio título de
su obra, Urvashi gana con Valor.
El Rey Vikramaditya era un gran patrón del
conocimiento y la poesía. Ujjain durante su gobierno fue la capital más
brillante del mundo, no ha perdido hasta hoy todo el lustre otorgado por su
espléndida corte. Entre los hombres eminentes reunidos ahí, nueve fueron
particularmente distinguidos y son llamados “las nueve gemas.” Algunos de las
nueve gemas fueron poetas, otros representaron las ciencias---astronomía,
medicina, lexicografía.
Parece cierto que los detalles de la tradición tardía
concerniente a las nueve gemas está abierto a la suposición, sin embargo el
hecho central no tiene dudas: de que en ese tiempo en ese lugar, hubo una gran
aceleración de la mente humana, un impulso artístico que creo obras que no han
podido perecer. Ujjain en los días de Vikramaditya se sitúa mundialmente junto
a Atenas, Roma, Florencia, y Londres en sus grandes siglos. Aquí está el hecho
substancial tras la a veces ridiculizada teoría de Max Müller acerca del
renacimiento de la literatura Sánscrita. Es un poco falso el suponer, como algunos
parecen hacer, que esta teoría ha sido invalidada por el descubrimiento de
ciertas producciones literarias que anteceden a Kalidasa. Se pudiera incluso
decir que estas excepcionales y felices centurias que vieron a un hombre tan
grande como Homero o Virgilio o Kalidasa o Shakespeare, comparten a un hombre
del renacimiento.
Es interesante observar que los siglos de
oscuridad intelectual en Europa coinciden con los siglos de la luz en India.
Los Vedas se compusieron en su mayor parte antes que Homero; Kalidas y sus contemporáneos
vivieron mientras Roma se tambaleaba ante los asaltos de los bárbaros.
A los escasos e inciertos datos de las
tradiciones tardías se puede añadir un poco de información sobre la vida de
Kalidasa a través de sus propios escritos. Sólo menciona su nombre en los
prólogos a sus tres obras de teatro, y lo hace con una modestia sin duda
encantadora, incluso tentadora. Que ya desearía uno para el exceso que
comunican algunos de los poetas indios.
Sólo habla en primera persona en una
ocasión, en los versos de introducción a su poema épico La Dinastía de Raghu (1) Aquí también percibimos su modestia y nos
frustramos de obtener detalles de su vida.
Sabemos por los escritos de Kalidasa que
pasó al menos parte de su vida en la ciudad de Ujjain. Se refiere a Ujjain más
de una vez, y de una manera en que difícilmente lo haría quien no conoce y ama
la ciudad. Especialmente en su poema El
Mensajero de la Nube en donde mora en los encantos de la ciudad, e incluso
invita a la nube a desviarse en su largo viaje para que no pierda la ocasión de
conocerla.
Más adelante sabremos que Kalidasa viajó
extensamente por la India. El cuarto canto de la Dinastía de Raghu describe un viaje alrededor de toda India incluso
hacia regiones que están más allá de las fronteras que restringen los límites
de India. Es difícil creer que el propio Kalidasa no hiciera ese “gran viaje”;
mucho de verdad ha de haber en la tradición que le envía en peregrinaje hacia
el Sureste de India.
El canto decimotercero de la misma epopeya y El Mensajero de la Nube también
describen largos viajes a través de India, en su mayoría hacia regiones lejanas
de Ujjain. Son las montañas lo que le impresiona más profundamente. Sus
trabajos están repletos de los Himalayas. Aparte de su primer drama y el
pequeño poema llamado Las Estaciones,
no hay ninguna obra suya en la que no se perciba el aroma de las montañas.
En
uno, El Pájaro del Dios de la Guerra,
podría decirse que es todo montañas. No fue la grandeza sublime del Himalaya lo
único que le atrajo; pues, como buen crítico hindú su visión es aguda, es el
único poeta que describe cierta flor que crece en cachemira. El mar le
interesaba menos. Para él, como lo es para la mayoría de los hindúes, el océano
es un límite hermoso y terrible, sin carretera a la aventura. “La tierra
cinchada por el mar” en la que Kalidasa habla de lo que el continente de India
significa para él.
Otra conclusión derivada de los escritos de
Kalidasa que puede ser cierta es la de que él era un hombre profundo y de
educación extensa. No era de hecho un prodigio de erudición, como Bhavabhuti en
su propio país o Milton en Inglaterra, sin embargo ningún hombre puede escribir
como él lo hizo sin un estudio fuerte e inteligente. Para empezar. Tenía un
conocimiento preciso y minucioso de la lengua sánscrita, en un momento en que
el sánscrito era hasta cierto punto una lengua artificiosa.
A veces se presiona
mucho sobre este punto, como si los escritores de la época clásica de India
compusieran en idioma extranjero. Cada
escritor, especialmente todo poeta, aunque componga en cualquier lengua,
escribe en lo que puede llamarse un idioma extranjero; es decir, que no escribe
como habla. Sin embargo, la brecha entre la lengua escrita y la lengua
vernácula era mucho más amplia en la época de Kalidasa de lo que ha sido
siempre. Los hindúes consideran que estudiar doce años lo que ellos llaman “el
jefe de todas las ciencias, la ciencia de la gramática” es un requisito para
poder dominarla.
De que Kalidasa haya dominado esta ciencia son testigos
abundantes sus obras.
Dominaba ambas las obras de retórica y la teoría
dramática- asignatura que los sabios hindúes han tratado con mucho, en
ocasiones sutil, ingenio. Los sistemas profundos y sutiles de la filosofía
también fueron dominados por Kalidasa, y tenía algo de conocimiento de la
astronomía y la ley.
Pero no era sólo de los libros escritos lo
que Kalidasa leía a profundidad. Rara vez un hombre ha caminado la tierra y
observado los fenómenos de la naturaleza viviente con tanto cuidado como él,
pensaba que su precisión era precisamente la de un poeta, no la de un
científico. Mucho se ha perdido para nosotros de lo que creció acerca de otros
animales y plantas; sin embargo, podemos apreciar su “pelo negro de abejorro”
su árbol ashoka que “arroja sus flores en una lluvia de lágrimas”, su río que
llevaba un velo de niebla sombría.
Aunque sus cañas parecían manos que
agarraban su vestido para ocultar sus encantos; es su imagen de un lirio diurno
que florece al atardecer:
El lirio de agua se cierra, pero con
resistencia maravillosa, como si le costar cerrar su puerta que da bienvenida a
las abejas.
La religión de cualquier gran poeta siempre
es un asunto de interés, especialmente la religión de un poeta Hindú; puesto
que los hindús han sido siempre gente religiosa profunda y creativa. Hasta
donde podemos juzgar, Kalidas se movía entre las sectas discordantes con
simpatía por todas, fanáticos por ninguna. Las oraciones de dedicatoria que
introducen al drama están dedicadas a Shiva.
Esto difícilmente es algo más que
una convención, pues Shiva es el patrón de la literatura. En una de sus
epopeyas,El Nacimiento del Dios de la
Guerra, se distingue como Shivaista, en otra, La Dinastía de Ragu, no es menos Vishnuista en tendencia. En el
himno a Vishnu en La Dinastía de Raghu
hay una expresión del monismo Védico, el himno de Brahma en El Nacimiento del Dios de la Guerra le
da por igual expresión a su rival dualista del sistema de Sankhya. Tampoco el
Yoga y el budismo son dejados sin una mención de simpatía. Se justifica por
ello que concluyamos que Kalidasa era, en asuntos de religión, lo que William
James llamaba, “mente saludable,” empática, no un “alma enferma.”
Hay algunas otras impresiones de la vida y
personalidad de Kalidasa que se convierten gradualmente en condenas en la mente
de quien lee y relee su poesía, a pesar de que son menos susceptibles a ser
demostrados. Uno se siente seguro de que era físicamente atractivo, y un hindú atractivo
es un tipo de hombría maravillosa.
Uno sabe que fascina a las mujeres, pues a
su vez ellas le fascinaban. Se conoce que los niños le querían. Uno se convence
de que nunca sufrió ninguna mórbida experiencia que sacudiera su alma con dudas
como las que acarrean las dudas religiosas, o los dolores del amor despreciado,
que por el contrario transitó entre los hombres y mujeres en una trama serena y
divina, ni autocomplaciente ni ascética, con la mente y los sentidos siempre
alertas ante toda forma de belleza.
Sabemos que su poesía fue popular mientras
vivía, y no podemos dudar que su personalidad era igualmente atractiva, aunque
es probable que ningún contemporáneo suyo conocía a plenitud la medida de su
grandeza. Pues su naturaleza era de un equilibrio singular, lo mismo en el
país, en una espléndida corte y en una montaña solitaria, al igual que con los
hombres de alto y bajo rango. Hombres así no son nunca totalmente apreciados en
vida. Siguen creciendo después de muertos.
Thank you_ thank
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