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Wednesday, May 6, 2015

Romance de Shakuntala Parte XI




Kunti continuó, “Entonces, llegó la nana atravesando el bosquecillo de ashoka traía un pájaro de juguete.

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Era una pequeña réplica de la especie de pájaros que atendieron a Shakuntala cuando era una indefensa infanta, abandonado en los bosques por su madre la apsara Menaka, hacía mucho tiempo.
Y cuando la nana llegó a través de los árboles ashoka, dijo: “Aquí está niño. Te traje tu juguete, tu pájaro shakunta.  Aquí niño, ven a jugar con el pájarito.” Y le mostró el pájaro de barro pintado de brillantes colores.
Pero el niño sólo escuchó la palabra, “shakunta.”
“¡Madre!” dijo. “¿En dónde está mi madre?” lloró, corrió hacia su nana.

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Dushyant palideció. La sangre se esfumó de sus mejillas. “La palabra, shakunt,” pensó. “¿Podría ser que este niño tuviera alguna conexión con su amor hacía mucho perdido. La niña inocente que conociera en el bosque de mangos hacía tanto tiempo en el ashram del sabio Kanva? ¿Qué retorcimiento cruel habría guiado al destino hasta este momento?”
Y entonces el niño tomó el pájaro de las manos de la niñera y corrió entre los árboles de ashoka. Cuando el sol arrojaba sombras vetadas en el suelo corrió descalzo, despeinado, agitaba el pájaro en círculos como si volara de verdad.
Y mientras corría agitando los brazos, la niñera pudo ver que le faltaba al niño un amuleto en la muñeca.
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“Niño, ¿dónde está tu brazalete?” dijo.
Pero el niño simplemente corría en la persecución imaginaria del pájaro que volaba desde su mano.
“Su brazalete se cayó cuando jugaba con los leoncillos,” dijo el rey, apuntando hacia un objeto que brillaba en el suelo.
Y hacia donde miró había un brazalete dorado incrustado de piedras preciosas, que brillaba sobre la arena dorada del bosquecillo de ashoka.
“Permítame.” Y se estiró para recogerlo.
“¡No!” dijo la nana, deteniendo la mano del rey antes de que pudiera tocar el amuleto. Pero el rey se sacudió de ella y tomó el objeto brillante, lo sostuvo frente a la luz para inspeccionarlo. ¡Cómo brillaba al sol de la mañana! Sería una joya divina, elaborado a partir de los dioses. El rey sonrió hacia la nana, admiraba el brazalete “¿Por qué no?”
“Su majestad. Puedo ver que eres un rey noble. Pero estas en una tierra de milagros extraños. Este niño no es nada ordinario. Cuando nació aquí en este sagrado sitio de peregrinaje, el propio Kashyapa, hijo de Marichi, le dio este brazalete al infante al momento de la ceremonia de nacimiento.
Cargado con poderes mágicos el amuleto está encantado. Si cae al suelo nadie debe tocarlo excepto el propio niño o sus padres. Ese brazalete que sostienes es místico.”
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“Y qué sucede si alguien más toca el amuleto, alguien aparte del padre o la madre del niño.”
La niñera le miró a los ojos. “Es un amuleto de protección. Se transforma en cobra y le pica, o a cualquiera que moleste al muchacho. Qué singular que haya perdido sus poderes. Normalmente ya estaría retorciéndose de dolor por la picadura de la serpiente. Quizá se ha roto al caerse.”
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“¿Ha visto pasar eso tan terrible antes?” dijo el rey.
“Más de una vez,” dijo la sirvienta.
Con esto el muchacho terminó de retozar, corrió de nuevo hacia la niñera y el rey quien le devolvió su amuleto. Lo fijó de nuevo en su muñeca, el niño miró de nuevo hacia el rey como si lo viera por primera vez. Frunció el ceño y dijo “¿Dónde está mi madre?”
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Dushyant sonrió y puso su mano en los hombros del niño. “Justo ahora vamos a encontrarnos con ella,” dijo él. “La verás en sólo un minuto.”
El niño intentó sacudir la mano del extraño de su hombro. “Déjame ir.”
Pero la mano  de Dushyant de afecto paternal estaba firme en los hombros del niño.
“Ten paciencia hijo mío, le dijo. “Veremos a tu madre en sólo un momento más.”
“Déjame ir,” dijo el niño, “suéltame. No me llames hijo. ‘Tú no eres mi padre’”
“Ya lo veremos enseguida.”
“¡Suéltame! ¡Quiero ir a ver a mi madre!” dijo el niño, y se liberó.



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